La historia de la criminología es, en esencia, la crónica de cómo nuestra sociedad ha transformado su comprensión del delito y de quienes lo cometen. Durante siglos, la respuesta ante el crimen se basó casi exclusivamente en el castigo. Sin embargo, con el paso del tiempo, una pregunta fundamental cambió el rumbo de esta disciplina: ¿por qué una persona delinque?
Dar respuesta a esa cuestión impulsó el nacimiento de una ciencia que hoy integra conocimientos de Derecho, Psicología, Sociología, Medicina, Victimología y Neurociencia. Gracias a esta evolución, la criminología moderna ya no se limita a estudiar al infractor; hoy abarca también a la víctima, los factores sociales que propician el comportamiento delictivo y las estrategias más eficaces para la prevención.
La historia de la criminología en España ha seguido un camino paralelo al de otros países europeos, aunque con matices propios definidos por nuestros cambios políticos, sociales y legislativos desde finales del siglo XIX hasta nuestros días.
En este artículo realizamos un recorrido por los principales hitos de la historia criminológica, las escuelas que definieron su desarrollo, las figuras más influyentes y el papel crucial que desempeña hoy en día esta disciplina dentro del sistema de justicia penal.
Si te encuentras inmerso en un procedimiento penal y necesitas asesoramiento experto, en Criminalaw ponemos a tu disposición un equipo de abogados especialistas en derecho penal y criminólogos que trabajan de forma conjunta para ofrecerte un análisis integral y una defensa rigurosa de tu caso.
¿Qué es la criminología y por qué surgió?
Antes de adentrarnos en la apasionante historia de la criminología, es fundamental entender qué es exactamente y qué busca resolver. Más allá de lo que a menudo vemos en la ficción, esta ciencia es mucho más que el estudio de escenas del crimen; es una disciplina multidisciplinar que aborda el delito desde una visión profunda y humana, alejándose de una perspectiva puramente jurídica.
Su verdadera finalidad no es solo determinar si una conducta debe ser sancionada, sino comprender en profundidad el «porqué»: ¿cuál es el origen del delito? ¿Qué factores desencadenan el comportamiento criminal y cómo podemos evitar que ocurra?
Para entenderlo mejor, podemos usar un símil médico: cuando un paciente tiene fiebre, el médico no se limita a intentar bajar la temperatura, sino que investiga qué virus o infección la está provocando. La criminología sigue esta misma lógica. En lugar de detenernos solo en el castigo, buscamos desentrañar el origen del problema, analizando las variables personales, familiares, sociales y ambientales que favorecen su aparición.
Gracias a este enfoque integral, la criminología se ha consolidado como un pilar imprescindible en nuestra sociedad. Hoy es la herramienta clave para diseñar políticas de prevención más humanas, mejorar los procesos de reinserción social y, sobre todo, garantizar una protección real y efectiva para las víctimas.
Los primeros antecedentes de la criminología
Aunque tendemos a pensar en la criminología como una ciencia nacida en el siglo XIX, el deseo humano por descifrar las razones detrás del comportamiento delictivo es tan antiguo como la civilización misma.
Ya en la Antigua Grecia, mentes brillantes como Platón y Aristóteles se preguntaban qué conexión real existe entre nuestras leyes, la moral y la naturaleza humana. Sin embargo, con la llegada de la Edad Media, el enfoque cambió drásticamente: el delito se alejó de la razón y pasó a entenderse casi exclusivamente desde una óptica religiosa, siendo visto, con demasiada frecuencia, como un pecado o una señal directa de maldad intrínseca en el individuo.
El verdadero punto de inflexión no ocurrió hasta la llegada de la Ilustración, el momento en que la sociedad comenzó a desafiar este modelo rígido. Fue entonces cuando figuras como Cesare Beccaria alzaron la voz, defendiendo un principio revolucionario para la época: las penas debían ser proporcionales al daño causado. Al rechazar la tortura y los castigos arbitrarios, Beccaria no solo humanizó el sistema, sino que sentó las bases de una justicia penal más racional, despejando así el camino para el nacimiento de la criminología moderna tal y como la conocemos hoy.
El nacimiento de la criminología como ciencia
La mayoría de los expertos coinciden en señalar la segunda mitad del siglo XIX como el momento clave en el que la criminología dio el salto para convertirse en una disciplina científica. Fue una época de transformación profunda, donde se dejaron atrás las especulaciones para empezar a aplicar el rigor de las ciencias naturales al estudio del comportamiento humano y del delito.
El cambio fue, sencillamente, revolucionario. Por primera vez, el crimen dejó de ser visto como una abstracción jurídica y pasó a entenderse como un fenómeno complejo que exigía respuestas basadas en la evidencia y el análisis. En lugar de limitarse a dictar un castigo, los investigadores comenzaron a hacerse las preguntas que realmente importaban:
Las grandes preguntas de la criminología
El origen: ¿Cuáles son las verdaderas causas que llevan a alguien a delinquir?
La persona: ¿Qué características, físicas o psicológicas, definen al delincuente?
El entorno: ¿Hasta qué punto influyen la pobreza, la educación o el contexto social en su conducta?
La salud: ¿Qué papel juega la salud mental en el desarrollo de estas conductas?
Este fue el punto de inflexión donde la criminología se desvinculó de la subjetividad para abrazar el método científico. Desde ese momento, el delito dejó de ser analizado sólo en los tribunales para ser estudiado, por fin, bajo la luz de la ciencia.
Las grandes escuelas de la historia de la criminología
Para entender la historia de la criminología, es imprescindible sumergirse en las dos grandes corrientes de pensamiento que, con sus luces y sombras, marcaron el camino de esta disciplina hasta nuestros días.
Escuela Clásica: el libre albedrío como eje
Surgida durante el siglo XVIII, la Escuela Clásica puso el foco en la capacidad de elección del individuo. Bajo esta premisa, se consideraba que toda persona posee la libertad necesaria para decidir entre seguir la ley o quebrantarla; por tanto, el delito se interpretaba como el resultado de una elección racional.
Para que este sistema fuera justo, los pensadores clásicos establecieron pilares que hoy nos parecen evidentes, pero que en su momento fueron revolucionarios:
Principios fundamentales del sistema
Proporcionalidad
La pena debe ajustarse siempre a la gravedad del daño.
Legalidad
El castigo debe estar claramente definido por la ley.
Seguridad jurídica
Las normas y consecuencias deben ser conocidas previamente.
Efecto disuasorio
La sanción debe prevenir que otros cometan el mismo error.
Estas ideas fueron el motor que impulsó la redacción de los primeros códigos penales modernos, dotando de racionalidad a la justicia.
Escuela Positivista: el giro hacia la ciencia
A finales del siglo XIX, el panorama cambió por completo con la llegada del Positivismo. Figuras clave como Cesare Lombroso, Enrico Ferri y Raffaele Garofalo propusieron algo radical: el delito no debía entenderse sólo como un concepto jurídico, sino como un fenómeno que podía y debía estudiarse mediante la observación y el análisis empírico.
Aunque muchas de las teorías iniciales de Lombroso, basadas en aspectos físicos, han sido superadas por la ciencia contemporánea, su mayor legado fue cambiar el sujeto de estudio: el foco dejó de ser el delito para ser el delincuente.
Gracias a este enfoque, la criminología comenzó a diseccionar las causas profundas detrás de la conducta criminal, analizando factores determinantes como:
Factores determinantes en la conducta
El entorno social y familiar
La influencia de nuestro núcleo más cercano.
La situación socioeconómica
El peso de las condiciones materiales y la educación en la vida del individuo.
La salud mental y adicciones
La importancia de entender los desequilibrios biológicos y psicológicos.
El contexto
Cómo el ambiente en el que nos movemos moldea nuestras acciones.
Este giro hacia el método científico fue, posiblemente, el avance más importante en la evolución de la criminología, permitiéndonos dejar de juzgar solo el acto para empezar a entender, finalmente, a la persona.
La criminología en la actualidad: un papel clave en la justicia penal
La criminología ha dejado de ser una disciplina puramente teórica para consolidarse como un pilar esencial dentro del sistema de justicia penal. Su evolución permite hoy observar el delito no como un evento aislado, sino como una situación que requiere una visión de conjunto. Gracias a la integración de diversas áreas de conocimiento, es posible analizar con rigor no solo el acto punible, sino también los factores que rodearon la intervención policial, la realidad del infractor y la situación real de la víctima.
En el trabajo diario de CriminaLaw, este enfoque multidisciplinar resulta determinante para cuestionar la validez de los expedientes. Entender que el delito es el resultado de múltiples variables significa que, con frecuencia, la Administración omite circunstancias atenuantes o detalles clave que deberían condicionar la resolución del caso.
Aplicar esta perspectiva criminológica permite detectar errores procedimentales, evaluar la verdadera proporcionalidad de las sanciones y construir estrategias de defensa robustas, adaptadas a la realidad humana. La criminología actúa como el puente necesario entre la rigidez de la norma y la compleja realidad social, asegurando que cada caso se valore bajo criterios fundamentados y precisos.
La historia de la criminología en España
El desarrollo de la criminología en nuestro país cobró fuerza durante las últimas décadas del siglo XIX, impulsado por las corrientes científicas que estaban transformando Europa. Las investigaciones pioneras se movieron en un terreno compartido por el Derecho Penal, la Medicina Legal y la Psiquiatría, disciplinas que empezaron a mirar el fenómeno delictivo con un rigor hasta entonces inédito en España.
Este interés por profesionalizar el campo dio lugar a instituciones dedicadas al estudio científico del delito, integrando enseñanzas que rompían con los esquemas académicos tradicionales. Un momento decisivo ocurrió en 1899 con la creación de la Escuela de Criminología de Madrid, que llegó a situarse como uno de los centros especializados más avanzados del continente. El propósito era formar profesionales capaces de observar la conducta criminal desde una perspectiva interdisciplinar, donde se entrelazaban los conocimientos jurídicos con la medicina y las ciencias sociales. Aquella iniciativa no solo supuso un avance institucional, sino que fue el punto de partida para consolidar una tradición investigadora propia que marcaría el desarrollo del sector en las décadas posteriores.
Evolución a lo largo de los siglos XX y XXI
Tras aquel impulso inicial, la disciplina continuó su recorrido durante el siglo XX, aunque su ritmo estuvo marcado profundamente por los acontecimientos políticos y sociales del país. Durante gran parte de este periodo, la investigación mantuvo un vínculo muy estrecho con el Derecho Penal y la Psiquiatría, si bien el contexto histórico limitó durante años la consolidación de una criminología plenamente científica e independiente.
La llegada de la democracia supuso un cambio de rumbo definitivo, iniciando una etapa de modernización y apertura hacia enfoques netamente multidisciplinares. Este nuevo aire permitió que la criminología española ensanchara sus horizontes, dejando de centrarse exclusivamente en la figura del infractor para profundizar en realidades mucho más complejas. A partir de entonces, el foco investigador se desplazó hacia fenómenos críticos como la delincuencia juvenil, la violencia de género, el crimen organizado y el desarrollo de estrategias eficaces de prevención.
Al mismo tiempo, la consolidación de la victimología y el interés por los procesos de reinserción social transformaron el estudio del delito en una herramienta de análisis mucho más completa. Este proceso ha sido vital para que la criminología en nuestro país no sea solo un ejercicio académico, sino un elemento clave que ayuda a evaluar la eficacia real de las políticas criminales y a garantizar que el sistema de justicia responda a las necesidades de la sociedad actual.
Los grandes referentes de la criminología española
La trayectoria de esta disciplina en nuestro país ha sido construida gracias al esfuerzo de investigadores y juristas cuya visión logró transformar la manera en la que entendemos la justicia. Su trabajo no solo sentó las bases académicas, sino que impulsó un cambio de mentalidad que todavía hoy es relevante.
Rafael Salillas
Considerado unánimemente como uno de los padres fundadores de la criminología en España. Con su obra El delincuente español, Salillas introdujo una metodología que resultó profundamente innovadora para su tiempo al desgranar el fenómeno criminal desde ángulos sociales, médicos y antropológicos. Sus investigaciones son hoy un pilar esencial para comprender cómo nació y se consolidó el estudio científico del delito en nuestras fronteras.
Luis Jiménez de Asúa
Este jurista de prestigio internacional marcó un antes y un después en la evolución del Derecho Penal moderno. A través de sus estudios sobre política criminal, prevención del delito y responsabilidad penal, Jiménez de Asúa no solo influyó en la estructura legislativa de su época, sino que dejó un legado intelectual que ha formado a sucesivas generaciones de penalistas tanto en España como en el ámbito hispanoamericano.
Antonio Beristain
Figura clave durante la segunda mitad del siglo XX, su labor fue determinante para dar un giro necesario a la disciplina: el impulso decidido de la Victimología. Gracias a su trabajo, la criminología dejó de observar únicamente a quien comete el delito para reconocer el papel central de quienes sufren sus consecuencias. Su visión contribuyó a moldear un sistema de justicia penal con un enfoque mucho más humano, orientado a la reparación y a la prevención del daño.
La consolidación de la criminología en España
En las últimas décadas, la criminología en nuestro país ha experimentado un crecimiento notable, dejando atrás su papel exclusivamente académico para integrarse plenamente en el tejido social y profesional. Hoy, la existencia de grados universitarios, másteres especializados y grupos de investigación punteros permite abordar el fenómeno criminal con una profundidad y diversidad que hace años resultaban impensables.
Esta madurez se refleja en la presencia cada vez más habitual de criminólogos en áreas estratégicas donde su visión aporta un valor añadido insustituible. Estos profesionales son hoy una pieza clave en la elaboración de informes criminológicos, en el análisis de riesgo y en la prevención de la delincuencia, trabajando codo con codo con el sistema judicial y las fuerzas de seguridad. Además, su labor se ha extendido a ámbitos fundamentales como la atención directa a las víctimas, la seguridad tanto pública como privada, la investigación en entornos penitenciarios y la gestión de la seguridad en el ámbito corporativo a través del compliance penal.
Incluso en los desafíos más actuales, como el análisis de los ciberdelitos, la criminología ha demostrado ser una herramienta versátil y necesaria. Aunque todavía existen retos pendientes en cuanto al reconocimiento pleno de la profesión dentro de las instituciones, esta disciplina se ha consolidado como un pilar imprescindible para entender la delincuencia contemporánea y, sobre todo, para articular respuestas más eficaces y humanas frente a ella.
Diferencia entre criminología y criminalística
Es una de las dudas más frecuentes para quienes se acercan a este campo: ¿en qué se diferencia la criminología de la criminalística? Aunque popularmente se usen como sinónimos, en la práctica técnica son disciplinas distintas que, lejos de excluirse, se complementan a la perfección.
¿Qué hace la criminología?
La criminología aborda el delito desde una perspectiva global y multidisciplinar. Su gran reto no es la escena del crimen, sino el fenómeno criminal en su conjunto. Se dedica a investigar por qué se producen los delitos, qué factores sociales, psicológicos o ambientales los favorecen y, sobre todo, cómo podemos prevenirlos de manera eficaz. Además, pone el foco en el impacto que el crimen deja en las víctimas y en qué medidas son realmente efectivas para reducir la reincidencia. Es, en esencia, una ciencia que busca entender las causas profundas y el comportamiento humano.
¿Qué hace la criminalística?
La criminalística, por el contrario, se vuelca en la investigación técnica y material. Su ámbito de actuación es el «qué» y el «cómo»: se encarga de recoger, analizar y procesar las evidencias físicas que han quedado en un lugar. Para ello, utiliza herramientas como la inspección ocular, el análisis de huellas, la balística, la documentoscopia, la genética forense o la reconstrucción científica de los hechos.
En términos muy sencillos, mientras que la criminalística se ocupa de esclarecer cómo ocurrió exactamente el delito a través de pruebas materiales, la criminología intenta explicar por qué ocurrió y qué podemos hacer para evitar que vuelva a repetirse. Ambas son piezas fundamentales que, cuando trabajan de forma coordinada, proporcionan la base necesaria para cualquier procedimiento penal sólido y riguroso.
¿En qué consiste la carrera de Criminología?
El grado en Criminología es una titulación universitaria diseñada para formar expertos capaces de descifrar el fenómeno delictivo desde una base científica. A diferencia de otras ramas del saber que se centran en un único ángulo, el estudiante de criminología se sumerge en una formación multidisciplinar que le permite observar el delito como un problema complejo, integrando el rigor del Derecho Penal, la profundidad de la Psicología Criminal, el enfoque reparador de la Victimología y el carácter técnico de la criminalística.
El plan de estudios es notablemente amplio, combinando materias fundamentales como la sociología, la política criminal y la medicina legal con herramientas prácticas como la estadística aplicada o las técnicas avanzadas de investigación. Esta versatilidad es precisamente lo que define el perfil del criminólogo: un profesional preparado para analizar las causas del comportamiento delictivo, diseñar estrategias de prevención y trabajar de manera coordinada junto a expertos del ámbito jurídico, policial, penitenciario o social. Al finalizar su formación, el criminólogo no solo posee conocimientos teóricos, sino la capacidad técnica y analítica para aportar una visión integral en cualquier procedimiento donde la justicia, la seguridad y el factor humano se encuentran.
¿Qué salidas profesionales tiene un criminólogo?
La evolución de la criminología ha derribado los muros académicos para integrar a sus profesionales en el corazón de la justicia y la seguridad privada. Hoy, el criminólogo es una figura clave capaz de traducir la complejidad del comportamiento delictivo en estrategias prácticas y aplicables.
Esta versatilidad permite que el perfil se adapte a sectores muy diversos: desde la seguridad corporativa y el análisis de riesgos, hasta la consultoría en compliance penal o la investigación académica. Muchos profesionales se especializan en la atención directa a víctimas, la prevención del delito a nivel comunitario o la gestión en instituciones penitenciarias, donde su visión científica es indispensable para entender los procesos de reinserción.
Dentro de Criminalaw, esta figura resulta determinante para elevar el nivel de la defensa jurídica. El criminólogo no solo analiza las causas del comportamiento criminal, sino que aporta una capa de profundidad técnica mediante la valoración de factores de riesgo y la elaboración de informes que refuerzan la solidez de la estrategia procesal.
Esta colaboración es especialmente valiosa en casos de alta complejidad. Cuando un procedimiento involucra delitos de guante blanco, como el fraude económico, o estructuras complejas como la delincuencia organizada, el trabajo conjunto con abogados especialistas en estafas o con abogados especialistas en tráfico de drogas permite que la defensa no se base únicamente en la norma, sino en una interpretación integral de todos los factores que rodean el hecho punible. Es, en última instancia, una apuesta por un asesoramiento multidisciplinar donde el rigor del Derecho y la ciencia criminológica se unen para ofrecer la mejor protección posible al cliente.
¿Hacia dónde camina la criminología?
Es muy habitual que, al hablar de nuestro trabajo, nos pregunten si el derecho penal es suficiente para contener la delincuencia actual. Y la respuesta es clara: la realidad se transforma a tal velocidad que la ley, por sí sola, a veces corre el riesgo de quedarse atrás. El delito ya no ocurre solo en la calle; hoy se desplaza por redes digitales, se esconde tras criptomonedas o se automatiza mediante algoritmos.
Cuando nos cuestionamos cómo enfrentaremos los desafíos de los próximos años, como la inteligencia artificial aplicada al crimen o la radicalización violenta en redes, entendemos que la criminología ya no puede ser solo una disciplina de archivo. La estamos viendo mutar hacia un análisis de datos mucho más ágil, donde la tecnología no es solo una amenaza, sino también nuestra mejor herramienta de prevención.
El verdadero reto para quienes nos dedicamos a esto no es solo saber qué ocurrió, sino anticipar hacia dónde se moverá el infractor. Por eso, estamos convencidos de que el papel del criminólogo será cada vez más relevante en las salas de justicia: porque en un mundo cada vez más complejo y conectado, alguien debe ser capaz de interpretar esos patrones invisibles para ofrecer una defensa fundamentada y una seguridad real.
FAQs sobre la historia de la criminología
A menudo, al trabajar con clientes o estudiantes, surgen interrogantes recurrentes que nos ayudan a poner en perspectiva qué es exactamente esta disciplina y cómo ha llegado hasta nuestros días.
¿De dónde viene realmente la criminología?
Aunque hoy la vemos como algo cotidiano, su nacimiento como ciencia se sitúa en el siglo XIX. Fue un momento de cambio donde pasamos de castigar el delito sin más a querer entenderlo. Fue la transición de la Escuela Clásica, que se centraba en la norma, hacia una corriente más positivista, que por primera vez puso el foco en el estudio científico tanto del delincuente como del hecho delictivo en sí.
¿Cómo ha sido su trayectoria en nuestro país?
En España, la criminología no ha dejado de transformarse. Si al principio era una disciplina casi exclusiva de penalistas y médicos forenses, hoy ha roto esas paredes. Ha pasado de los libros de texto a los despachos de abogados, las prisiones y los proyectos de prevención ciudadana, integrando visiones de sociólogos, psicólogos y expertos en seguridad. Es, en definitiva, una disciplina que ha aprendido a escuchar a todas las partes implicadas.
¿Es lo mismo criminología que criminalística?
Es una de las confusiones más comunes. La forma más sencilla de verlo es pensar en el «porqué» frente al «cómo». Mientras la criminología se hace preguntas sobre las causas del comportamiento criminal, el impacto en la víctima y cómo evitar que el delito se repita, la criminalística se dedica al trabajo de campo: es la técnica que analiza las pruebas físicas en el lugar de los hechos para reconstruir qué ocurrió exactamente. Son dos piezas que encajan perfectamente en un proceso penal, pero con enfoques muy distintos.
¿Qué perfil tiene alguien que decide estudiar Criminología?
Es una carrera fascinante precisamente por su complejidad. No estudias una sola cosa, sino que aprendes a mirar el mundo a través de un caleidoscopio: analizas el Derecho Penal, profundizas en la psicología y la sociología, te formas en victimología y medicina legal, y adquieres destrezas técnicas en criminalística. Quien sale de la facultad lo hace con una capacidad analítica capaz de entender el delito como un fenómeno social, no solo como una infracción a la ley.
¿Qué valor aporta un criminólogo en un procedimiento judicial?
El trabajo del criminólogo es ser el puente entre la teoría y la sala de vistas. En un procedimiento penal, no se limita a observar; elabora informes técnicos, desglosa los factores de riesgo de un caso, analiza la veracidad de determinadas conductas y trabaja mano a mano con la defensa jurídica. Su visión ayuda a los abogados a construir una estrategia procesal mucho más rica y humana, basada en datos y análisis científicos que, en muchas ocasiones, pasan desapercibidos en los expedientes convencionales.