
De víctima a acusado: cuando el maltratador manipula el proceso judicial
Cuando el maltratador manipula el proceso judicial, la víctima puede terminar injustamente en el banquillo de los acusados. En este artículo analizamos cómo se produce esta inversión de roles y qué herramientas ofrece la criminología para evitarlo.


La segunda victimización en los tribunales
En los procesos judiciales por violencia de género o maltrato, no siempre la justicia sigue una línea clara entre víctima y agresor. Cada vez con más frecuencia, nos encontramos con un fenómeno complejo y doloroso: la manipulación del proceso judicial por parte del maltratador, que logra invertir los roles y coloca a la víctima en el banquillo de los acusados.
Este escenario supone una doble victimización: por un lado, la sufrida en el ámbito privado mediante la violencia; y por otro, la que ocurre en el espacio judicial, donde la víctima se ve obligada a defenderse de acusaciones falsas, manipuladas o estratégicamente diseñadas para desacreditarla.
¿Cómo logra un maltratador convertirse en acusador?
El maltratador que manipula el proceso judicial suele recurrir a estrategias de control más sutiles pero igual de dañinas. Algunas de las más habituales incluyen:
Denuncias cruzadas: interponer una denuncia contra la víctima alegando violencia o maltrato recíproco.
Manipulación del relato: presentar los hechos distorsionados, minimizando su propia responsabilidad y maximizando las reacciones defensivas de la víctima.
Uso de pruebas parciales: aportar conversaciones o mensajes editados, fuera de contexto, que den una visión manipulada de la situación.
Explotación de vacíos legales: aprovechar la ausencia de testigos o pruebas físicas en casos de violencia psicológica o coercitiva.
Instrumentalización de menores: en procesos de custodia, acusar a la víctima de manipular a los hijos o de ejercer maltrato hacia ellos.
👉 El objetivo siempre es el mismo: desviar el foco de su propia conducta y sembrar dudas sobre la credibilidad de la víctima.
Consecuencias legales y sociales
Cuando un tribunal admite a trámite estas acusaciones, la víctima sufre un impacto devastador:
Pérdida de credibilidad: su testimonio queda en entredicho.
Aislamiento social: familiares o amistades pueden desconfiar de ella.
Estrés judicial: se enfrenta a procedimientos largos y desgastantes.
Desprotección: puede quedar sin medidas de seguridad mientras se investiga.
Revictimización: revive el trauma al tener que defenderse de falsas acusaciones.
En algunos casos, incluso, la víctima termina con antecedentes penales injustos o con restricciones de contacto con sus propios hijos.
El papel de la criminología: desenmascarar la manipulación
Frente a estas dinámicas, la criminología ofrece herramientas técnicas que pueden marcar la diferencia en un juicio. Los informes criminológicos periciales permiten:
Analizar la consistencia del relato: ¿es estable en el tiempo o cambia constantemente?
Detectar contradicciones: tanto en el discurso de la víctima como en el del acusado.
Evaluar dinámicas de control: aislamiento, coerción, manipulación emocional.
Examinar patrones criminológicos: conductas repetitivas de dominación propias de maltratadores.
Contextualizar los hechos: para que el tribunal comprenda la relación completa, y no solo episodios aislados.
👉 En estos casos, no basta con “lo que se dice”, sino con cómo se dice, en qué contexto y con qué motivación.
Estrategias procesales más comunes de manipulación
Desde la experiencia judicial y criminológica, se han identificado patrones claros que los maltratadores emplean para invertir los roles en el proceso:
Victimización fingida: presentarse como la persona afectada emocionalmente para generar empatía en el tribunal.
Sobreactuación emocional: llanto, dramatización o exageración para reforzar la credibilidad.
Narrativas fragmentadas: elegir solo partes del relato que le favorecen y omitir elementos clave.
Uso del tiempo judicial: dilatar procedimientos para desgastar psicológica y económicamente a la víctima.
Casos paradigmáticos en España
En los últimos años, se han documentado casos en los que el tribunal ha detectado esta manipulación. Ejemplo:
Denuncias cruzadas en violencia de género: en algunas sentencias, los jueces han señalado expresamente la existencia de denuncias instrumentales, es decir, acusaciones falsas interpuestas para neutralizar la denuncia original.
Custodia de menores: en disputas familiares, se ha evidenciado cómo algunos maltratadores intentan acusar a las madres de manipulación parental para obtener la custodia.
Estos ejemplos ponen de relieve la necesidad de un análisis técnico criminológico, capaz de desentrañar la dinámica real de los hechos.
Retos del sistema judicial
El sistema judicial español todavía se enfrenta a varios retos en este ámbito:
Sobrecarga de los juzgados: dificulta el análisis profundo de los casos.
Carencia de peritajes especializados: muchos procedimientos se basan solo en informes psicológicos, sin una visión criminológica.
Presión social y mediática: que puede condicionar la percepción de víctimas y acusados.
De ahí que sea fundamental fortalecer la colaboración entre abogados penalistas y criminólogos para dotar a los tribunales de información objetiva y completa.
Conclusión: proteger a la víctima también en los tribunales
El maltratador que logra manipular el proceso judicial no solo perpetúa el daño, sino que refuerza el ciclo de violencia al hacer que la víctima deba defenderse en un terreno que debería protegerla.
Desde la criminología y el derecho penal, es posible desenmascarar estas estrategias de manipulación, aportar pruebas técnicas y garantizar que el tribunal valore los hechos con la mayor objetividad posible.
👉 En CriminaLaw trabajamos cada día para que las víctimas no se conviertan en acusadas injustamente. Nuestros informes criminológicos periciales pueden aportar claridad en casos donde la manipulación distorsiona la verdad.
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